Mandaste el formulario un martes a la noche, lo compartiste en tres grupos y te fuiste a dormir tranquila o tranquilo. Doce días después tenés diecinueve respuestas, calculaste que necesitabas ciento cincuenta y cuatro, y la reunión con tu director/a es el jueves.
Hay material de sobra sobre diseñar el cuestionario y sobre analizar los datos, y casi nada sobre el hueco del medio: qué hacés cuando el instrumento está impecable y la gente simplemente no contesta.

Qué es exactamente la tasa de respuesta
Es el cociente entre los cuestionarios completos y la cantidad de personas a las que efectivamente les llegó la invitación. Suena obvio y es el número que peor se calcula en las tesinas, porque el denominador casi nunca es el que se declara. Tres indicadores que se confunden todo el tiempo:
| Indicador | Cómo se calcula | Cuándo lo podés usar |
|---|---|---|
| Tasa de respuesta | completos ÷ invitaciones entregadas | Cuando tenés una lista cerrada: padrón de la cátedra, base de socios, correos institucionales. |
| Tasa de finalización | completos ÷ personas que abrieron el formulario | Siempre. Mide el abandono a mitad del cuestionario y es lo que te dice si el instrumento es demasiado largo. |
| Cantidad de casos | completos, a secas | Cuando difundiste por redes abiertas y no sabés a cuántos les llegó. Ahí no podés informar tasa de respuesta: informá el n y describí el reclutamiento. |
Ese último caso es el más frecuente en tesinas de grado. Si tirás el enlace en Instagram y en tres grupos de WhatsApp no tenés denominador, y escribir «la tasa de respuesta fue del 40 %» ahí es inventar un número: corresponde declarar muestreo por conveniencia e informar los casos válidos. A quién le preguntás se decide antes, en población y muestra.
¿Cuánto es «suficiente»? La respuesta incómoda
Vas a encontrar en internet umbrales de 50 %, de 60 % y de 70 %, siempre atribuidos a algún manual. No los uses como si fueran una norma: no existe un piso metodológico universal, y el consenso de la investigación sobre encuestas apunta en la dirección contraria desde hace años.
El trabajo de referencia es el metaanálisis de Groves y Peytcheva en Public Opinion Quarterly (2008, 72(2), 167-189), que comparó el valor verdadero de la variable con el estimado por la encuesta en estudios donde ese valor se conocía. El resultado, muy citado desde entonces: la tasa de no respuesta explica muy poco de la magnitud del sesgo. Encuestas con 70 % de respuesta pueden estar más sesgadas que otras con 30 %.
La razón es aritmética: el sesgo depende de la proporción de gente que falta multiplicada por cuánto se diferencia esa gente de la que sí contestó en la variable que medís. Si no se diferencian, podés perder al 80 % y tu estimación sigue siendo buena; si se diferencian, una tasa alta no te salva.
Qué hacer con esto en la práctica, entonces:
- Preguntá en tu carrera. Muchas cátedras tienen una expectativa informal de cantidad de casos; ese número, aunque no esté escrito, es el que mira el jurado.
- Perseguí el n que habilita el análisis que planificaste, no un porcentaje.
- Y después demostrá representatividad, que es la parte que casi nadie hace y la que efectivamente te cubre.
Las cinco decisiones que se toman antes de mandar
Casi todo lo que determina tu tasa de respuesta ya está decidido antes de que el formulario salga. Una vez que está en la calle, tus opciones son mucho más caras.
1. La extensión. Es lo que más pesa en el abandono. Cronometrá tu cuestionario y anunciá el tiempo real en la invitación; si da más de diez minutos, sacá preguntas. Regla práctica: si no sabés en qué tabla de resultados va a aparecer una pregunta, esa pregunta no va.
2. El orden. Preguntas centrales arriba, sociodemográficas al final. Si alguien abandona a mitad de camino al menos te deja lo que necesitás; al revés, te deja edad y género y nada más.
3. El celular. La mayoría va a responder desde el teléfono. Probá el formulario en un celular antes de difundirlo: las matrices de escala tipo Likert con siete columnas se vuelven ilegibles y son un punto clásico de abandono. Cómo armar esas escalas para que no se rompan está en cómo diseñar una escala de Likert.
4. El aval visible. «Soy estudiante de la Licenciatura en X de la UNLP y esta encuesta es parte de mi trabajo final, dirigido por la profesora Y» rinde muchísimo más que un enlace pelado. Si la difunde una cuenta institucional —secretaría, centro de estudiantes, cátedra— la diferencia es enorme: el remitente hace de garantía.
5. El consentimiento bien redactado. Suena a trámite y funciona como argumento de venta: decir con claridad que es anónimo, cuánto dura y qué vas a hacer con los datos baja la desconfianza. Los requisitos concretos están en consentimiento informado y ética de la investigación.
Canales que funcionan en una facultad argentina

Ordenados de mayor a menor rendimiento, según cuánto compromiso personal implica cada uno:
- Mensaje individual. Por privado, con el nombre de la persona y dos renglones explicando por qué su respuesta importa. Es lento y es lo que más funciona: veinte mensajes individuales rinden más que un posteo en un grupo de mil.
- Presencial con QR. Ir al aula antes de la clase, pedir dos minutos y repartir un QR. Hay que pedir permiso a la cátedra, y se consigue más seguido de lo que uno cree.
- Correo institucional. Si la secretaría reenvía tu invitación a un padrón, tenés además un denominador y una tasa de respuesta de verdad.
- Grupos de WhatsApp de la cursada. Rinden si alguien de adentro lo comparte y lo respalda; mucho menos si el enlace lo tira alguien de afuera.
- Redes abiertas. Llegan a gente que no conocés, pero destruyen el denominador y traen autoselección fuerte. Complemento, nunca canal principal.
Sobre incentivos: un sorteo chico puede ayudar, pero el comité de ética de tu facultad, si interviene, tiene que no objetarlo, y el correo para el sorteo va en un formulario separado para no romper el anonimato que prometiste.
El recordatorio: cuándo, cuántos y qué decir
El recordatorio es la herramienta más barata y la más subutilizada. Un esquema que funciona bien en una ventana de tres semanas:
- Día 0: invitación inicial, martes o miércoles, a media mañana o a la tarde temprano.
- Día 4: primer recordatorio, con texto distinto: agradecé a quienes ya respondieron y contá el avance («ya llevamos 60, faltan pocas»). La prueba social funciona.
- Día 10: segundo recordatorio, más corto, con la fecha de cierre explícita.
- Día 17: aviso de último día. Produce un pico notorio y te da material para el análisis de sesgo.
Dos advertencias: si el formulario es anónimo el recordatorio va a todo el mundo, así que aclarálo en la primera línea; y no pases de tres, porque a partir de ahí el rendimiento cae y el fastidio sube.
Cómo probar si tenés sesgo de no respuesta
Esta es la sección que hace la diferencia frente al jurado, porque convierte una debilidad en evidencia. Tenés tres pruebas posibles, de menor a mayor exigencia de datos.
Prueba 1 — Comparación con el marco. Si conocés la composición de tu población (por ejemplo, la distribución por sexo y por año de cursada del padrón de la carrera), compará esa distribución con la de tu muestra. Una diferencia grande y sistemática en alguna categoría es la señal más directa de sesgo de cobertura.
Prueba 2 — Respondentes tempranos contra tardíos. Es la prueba que podés hacer siempre, incluso sin marco muestral, y casi nadie la usa. La lógica: quien responde recién después del tercer recordatorio se parece más a quien nunca respondió que quien contestó el primer día. Entonces partís tu base en dos —los que entraron antes del primer recordatorio y los que entraron después del último— y comparás las dos mitades en tus variables principales. Si no hay diferencias significativas, tenés un argumento razonable de que el sesgo de no respuesta es bajo. Si las hay, las declarás. Para decidir con qué prueba comparar cada variable, mirá cómo analizar datos en SPSS, y para no sobreinterpretar el resultado, qué significa y qué no significa un p menor a 0,05.
Prueba 3 — Submuestra de no respondentes. Perseguir al azar a veinte que no contestaron, por otro canal, con dos o tres preguntas clave. Es la evidencia más fuerte que podés llevar a una defensa.
Los que contestaron a medias: datos faltantes

La no respuesta también aparece dentro de los cuestionarios que sí entraron. Antes de decidir qué hacés con esos huecos, distinguí dos casos que no se tratan igual:
- Abandono: la persona dejó de responder en la pregunta 14 y de ahí en adelante está todo vacío. Suele indicar un problema del instrumento en ese punto exacto: miralo, porque es información sobre tu cuestionario.
- Omisión puntual: contestó todo menos el ingreso, o menos una pregunta sensible. Ahí el faltante es informativo en sí mismo.
Las opciones de tratamiento, en el orden en que conviene considerarlas para una tesina:
- Eliminación por lista (listwise). Descartás el caso completo. Es lo que hace SPSS por defecto y es defendible si perdés pocos casos, pero mirá el n de cada tabla: podés terminar informando una regresión con la mitad de la muestra sin darte cuenta.
- Eliminación por pares (pairwise). Usás cada caso en los análisis donde tiene datos. Conservás más información y el precio es que el n cambia de tabla en tabla, así que hay que informarlo en cada una.
- Imputación. Reemplazar el faltante por un valor estimado. Para una tesina de grado, reemplazar por la media es la opción que más se ve y la más criticable, porque achica artificialmente la varianza. Si vas a imputar, decilo explícitamente y explicá el método; si no estás segura o seguro, no imputes.
Regla práctica para el capítulo: informá siempre cuántos casos entraron, cuántos se descartaron y por qué. Un lector que ve «de 187 respuestas se eliminaron 12 por completitud menor al 80 %, quedando n = 175» confía mucho más que uno que solo ve el 175.
Qué escribís en la tesina
Todo esto va en dos lugares. En metodología, el reclutamiento y los números. En limitaciones, la interpretación honesta de lo que quedó afuera. Un párrafo modelo para el capítulo metodológico:
«El cuestionario se distribuyó entre el 3 y el 24 de marzo de 2026 por correo institucional al padrón de estudiantes activos de la carrera (N = 412), con dos recordatorios los días 4 y 10. Se recibieron 187 respuestas (45,4 %), de las cuales 175 superaron el criterio de completitud del 80 % y conforman la muestra analizada. La comparación entre respondentes tempranos (n = 96) y tardíos (n = 79) no arrojó diferencias significativas en las variables principales, lo que sugiere un sesgo de no respuesta acotado. Aun así, la muestra sobrerrepresenta a estudiantes de los últimos años (62 % frente al 48 % del padrón), lo que se retoma en el apartado de limitaciones.»
Fijate lo que hace: da fechas, marco, denominador, criterio de exclusión, prueba de sesgo, y admite lo que no cierra. Es la clase de escritura que desactiva la pregunta del jurado antes de que se formule. El armado del instrumento está en cómo hacer un cuestionario de investigación.
El trabajo de campo se atrasa; el capítulo no tiene por qué
Mientras esperás respuestas podés dejar escrito el capítulo metodológico completo, con el diseño, el instrumento y el plan de análisis, y reservar solo los números para el final. Tesify te arma la tesina capítulo por capítulo y te deja avanzar en paralelo en lugar de quedarte frenada o frenado mirando el contador.
Preguntas frecuentes
¿Qué tasa de respuesta es aceptable para una tesina?
No hay un piso universal, y los umbrales de 50 % o 60 % que circulan no son una norma metodológica. La evidencia acumulada muestra que la tasa por sí sola predice mal el sesgo: lo determinante es si quienes no contestaron se parecen o no a quienes sí. Perseguí la cantidad de casos que necesita el análisis que planificaste, demostrá representatividad con una comparación entre respondentes tempranos y tardíos, y declará el número tal cual es. Una tasa del 28 % bien analizada se defiende mejor que una del 65 % sin analizar.
Difundí la encuesta por redes sociales. ¿Puedo informar una tasa de respuesta?
No, porque no tenés denominador: no sabés a cuánta gente le llegó la invitación. Lo que corresponde es informar la cantidad de casos válidos, describir con precisión los canales y las fechas de difusión, y declarar que el muestreo fue no probabilístico por conveniencia o por bola de nieve. Si además pudiste calcular la tasa de finalización —completos sobre formularios abiertos—, incluila, porque esa sí la tenés y dice algo útil sobre el instrumento.
¿Cuántos recordatorios puedo mandar sin ser molesto?
Tres como máximo, espaciados cuatro a siete días, y siempre con un texto distinto al de la invitación original. El primero es el que más rinde; el último, con la fecha de cierre explícita, produce un pico que además te sirve para el análisis de respondentes tardíos. Si la encuesta es anónima no podés excluir a quienes ya contestaron, así que aclarálo en la primera línea del mensaje para no generar fastidio.
¿Puedo cerrar el campo con menos casos de los que había calculado?
Se puede, y es muy común, pero cambia lo que podés afirmar: con menos casos perdés capacidad de detectar diferencias y algunas técnicas dejan de ser apropiadas. Si tenías planificada una regresión con varios predictores, suele convenir un análisis descriptivo y correlacional bien hecho antes que forzar un modelo con un n insuficiente. Conversalo con tu director/a y ajustá el alcance de las conclusiones.
¿Está bien eliminar los cuestionarios incompletos?
Está bien si definís el criterio antes de mirar los resultados y lo aplicás parejo: por ejemplo, descartar los casos con menos del 80 % de las preguntas respondidas. Lo que no corresponde es decidir caso por caso después de ver los datos. Informá el criterio, cuántos casos descartaste y el n final.
